sábado, 22 de diciembre de 2007

El rescate (Enrique Bunbury)





Desde la plaza de armas de un lugar cualquiera,
te escribo una carta para que tú sepas
lo que ya sabías, aunque no lo dijeras.
Espero que llegue a tus manos y,
que no la devuelvas.

Que pagues el rescate que abajo te indico.
Yo tampoco me explico, por qué no acudí antes a ti.
Pero nadie puede salvarme, nadie sabe lo que sabes,
y tampoco entregarían lo que vale mi rescate.

No hay dinero, ni castillos,
ni avales, ni talonarios,
no hay en este mundo, -aunque parezca absurdo-,
ni en planetas por descubrir,
lo que aquí te pido.

Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden;
te conocen, pero no llegan a ti.
Decidí por eso mismo, un mecanismo de defensa.
Presa como está mi alma, con la calma suficiente,
ser más fuerte, y enfrentarme cuanto antes a la verdad,
sin dudar un segundo, lo asumo, sólo tú puedes pagar el
rescate.

Devuélveme el amor que me arrebataste,
o entrégaselo, lo mismo me da, al abajo firmante;
pues no hay en este mundo, -aunque parezca absurdo-,
ni en planetas por descubrir, lo que aquí te pido.

Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden,
te conocen, pero no llegan a ti.
Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden,
te conocen, pero no llegan a ti.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

A la orilla de la chimenea (Joaquín Sabina)

Paloma (Andrés Calamaro)




Mi vida fuimos a volar con un solo paracaídas
uno sólo va a quedar
volando a la deriva
vivir así no es vivír, esperando y esperando
porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando
le dije a mi corazón, sin gloria pero sin pena,
no cometas el crimen, varón, si no vas a cumplir la condena
quiero dos veces para poder olvidarte
quiero llevarte conmigo y no voy a ninguna parte .

No te preocupes, Paloma, hoy no estoy adentro mío
tu amor es mi enfermedad soy un envase vacío.
No te preocupes Paloma, no hay pájaros en el nido
dos ilusiones se irán a volar pero otras dos han venido.

Si me olvido de vivir, colgado de sentimientos
voy a vivir para repetir otra vez este momento
te bajaría del cielo, mujer, la luna hasta tu cama
porque es muy poco de amor sólo una vez por semana
puse precio a mi libertad y nadie quiso pagarlo
te cambio tu corazón por el mío para mirarlo y mirarlo.
Hampas de gloria, mujer, quiero un pedazo de cielo
para invitarte a dormir en la cama o en el suelo (con Pappo y Miguel Abuelo)
un sacrificio ritual bién o mal, yo quiero ser mi estrella
sin principio ni final, no quiero vivir sin ella.

No te preocupes, Paloma, hoy no estoy adentro mío
Tu amor es mi enfermedad, soy un envase vacío.
No te preocupes Paloma, no hay pájaros en el nido
dos ilusiones se irán a volar, pero otras dos han venido.

jueves, 6 de diciembre de 2007

EL SENO DESCUBIERTO

Cuando le dije que tenía una historia para escribir, basada en una imagen sobre ella que se hizo presente en mi mente, me preguntó: ¿qué imagen?.
Respondí que no podía decirlo porque todavía no había comenzado a escribir y no quería “quemar” la idea.
Entonces, con tono de reproche y capricho de mujer impaciente me dijo: “pero vas a tardar diez años en escribirla”. Finalmente ese vaticinio no se hizo realidad; aunque podría escribirla después de cincuenta años, porque seguramente esa imagen que prendió en mí quedaría guardada, tal vez, para siempre, aún si el tiempo se empeñara en hacerme olvidar.
La imagen a la que hago referencia puede parecer simple y poco original pero eso no me importa. A veces, lo más simple y menos original de nuestras vidas puede ser lo más hermoso del mundo, no hace falta más que eso, sentirlo como algo especial.

Ella estaba sentada frente a su coqueta notebook, jugando al memo-test, tratando de batir un récord como si se tratara de un campeonato mundial de ajedrez.
Yo estaba viendo televisión en mi habitación, acostado en la cama. Me levanté a servirme una cerveza, esa bebida que nos hace cómplices en más de una oportunidad.
Fue en ese momento en que la ví, con su cabello despeinado, sus largas piernas cruzadas, un cigarrillo entre sus dedos cerca de su boca sensual, ahí estaba sexy, femenina, inocente.
Me acerqué para besarla y ella interrumpió su juego. Entonces comenzó otro juego, ese que tanto nos gusta.
Me pidió que me sentara en su regazo, como si fuera un niño, como si tratase de su “bebito”. Nos besamos dulce y apasionadamente, una y otra vez.
De repente, sucedió algo casi mágico, ella tenía puesta mi bata, solo eso. Sin que la hubiéramos tocado, la bata se abrió un poco y así fue que quedó al descubierto uno de sus senos, hermoso, grande, blanco y suave, con el pezón esperando ser besado por mis labios que siempre lo buscan como si de él saliera el elixir de la vida eterna. Sin embargo, esta vez fue distinto, no lo busqué sino que el azar hizo que se mostrara ante mí con toda su belleza, con toda su excitación.
Acaricié y besé su seno y su erecto pezón rosado con suavidad, con lujuria y con agradecimiento por tanta femeneidad que se brindaba a mí.
Luego despejamos la mesa, que no era muy grande pero suficiente para poder recostarla a ella, con la bata totalmente abierta y con su cuerpo desnudo. Comencé a besarla, despacio, como queriendo que ambos disfrutáramos de ese momento, tratando de hacerlo interminable.
El perfume de su piel, su pelo, su rostro, su cuello, sus senos, sus brazos, su vientre, sus piernas y por fin el paraíso, su sexo...
Ahí estaba, abierta, húmeda y palpitante como mi miembro deseoso de penetrarla. La besé, bebí sus flujos como el néctar de una flor, mi lengua era el aguijón, mis manos acompañaban la situación, mis dedos la mojaban aún más.
Después, nos tomamos de la mano y fuimos directo a la cama e hicimos el amor, con dulzura, con pasión, como animales en celo, lo demás...¿qué importa lo demás?.