lunes, 24 de noviembre de 2008

El vino del olvido

Un amigo llegò a casa
con una botella de vino,
me dijo pruèbalo, te harà bien;
èl sabìa còmo me sentìa
por eso me lo trajo,
no tenìa etiqueta,
su nombre era un secreto
que sòlo se develaba al probarlo.
Tomè una sola copa,
era de un sabor dulce, atrapante,
cuando terminè de tomarlo
mi amigo desapareciò como un fantasma,
no supe hacia dònde se habìa ido.
De repente sentì alivio,
ya no me preocupaba el ayer,
ya no extrañaba a esa mujer,
vì la botella abierta sobre la mesa
y tampoco recordaba
còmo habìa llegado hasta ahì.
Pasaron dìas, meses, años...
nunca màs tomè de ese vino,
lo habìa guardado
quièn sabe dònde,
una vez volvì a ver a aquel amigo,
me lo encontrè de casualidad,
no lo reconocì,
me detuvo en la calle,
me abrazò un instante
y me dijo al oìdo:
era el vino del olvido,
de repente desapareciò
como un fantasma,
sin saber hacia dònde se habìa ido...

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