Cada vez que muere un poeta,
se marchita una flor,
se extingue una estrella,
el viento deja de soplar,
la luna se oculta.
Cada vez que muere un poeta,
los pájaros se llaman a silencio,
se congelan los océanos,
y se duermen los volcanes.
Cada vez que muere un poeta,
un verso no escrito
se hunde en el mar,
un corazón enamorado
en algún lugar,
se detiene un momento.
Cada vez que muere un poeta,
el sueño se interrumpe,
el sol se oscurece
aún al mediodía;
quizás llueva,
señal de la tristeza de los ángeles.
Cada vez que muere un poeta,
también nosotros morimos
aunque sólo sea por un instante.
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