A veces estoy a un paso
de la melancolía,
y siempre la vida
me ha tirado un salvavidas
para mantenerme a flote.
Voy un poco a la deriva
como un bote averiado,
al que se le filtran
las aguas de la soledad.
No llevo brújula,
solo un alma desnuda,
que busca la ruta
hacia el mar de la alegría.
Pido perdón a mi destino
por ser tan cretino
y dejar que las cosas pasaran
como un juego de azar.
Me disculpo ante el pasado
por haberlo pisado,
sin darme cuenta
que se transformaba
en arena movediza.
Ante el presente
me inclino a pensar,
que no es tan bueno
como lo que está por llegar.
Al futuro lo miro con respeto,
sin que por ello
quepa la duda
que no cambiarè lo que soy...
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